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Casi tan codiciado y admirado como repudiado y maldito: el diamante negro

Entre la incomprensión, la admiración y el rechazo, pocas gemas suscitan sentimientos tan encontrados como el diamante negro. Podemos citar un par de ejemplos. El Black Orlov de 67,50 ct, también conocido como Eye of Brahma, fue robado cuando todavía sin tallar estaba engastado en una estatua de Brahma en la India. Semejante sacrilegio, cuenta la leyenda, provocó una maldición sobre la gema y a partir de entonces sus sucesivos propietarios fueron muriendo de forma violenta. Ese fue el caso de la princesa rusa Nadia Vyegin-Orlov, personaje que, aunque no hay evidencias de ser verídico, le dio su nombre. Sea lo que fuere, sí que sabemos con certeza que el Black Orlov, después de haber pasado por varios dueños, sin que murieran violentamente, fue subastado en 2006 y pagaron varios cientos de miles de dólares por él.

Por otra parte, el diamante negro Amsterdam pesaba 55,80 ct en bruto cuando lo compró una empresa holandesa en 1972. El diamante fue tan escasamente valorado por diversos tasadores que parecía destinado inevitablemente a uso industrial. Sin embargo, una vez tallado en estilo pera dio una gema de 33,73 ct que en 1973 fue presentada en la exposición conmemorativa del séptimo centenario de la ciudad de Amsterdam. A partir de entonces, comenzaron a surgir ofertas de compra hasta que finalmente, en 2001, fue subastado por la casa Christie’s y adjudicado por varios cientos de miles de dólares.

Pero bajemos de las estrellas, estas no son historias corrientes, en un plano más modesto los diamantes negros no fueron empleados con asiduidad hasta hace relativamente poco tiempo. Hoy ocupan un espacio importante en la joyería contemporánea. Es fácil entenderlo, reúnen dos cualidades importantes: combinan bien con otras gemas y, además, no son muy caros.

Ahora bien, existe cierto desconocimiento acerca de los diamantes negros y, sobre todo, en lo que respecta a la causa del color. El color en los diamantes negros no deriva de imperfecciones o defectos en su estructura cristalina como ocurre con los diamantes de otros colores, azul, amarillo, verde… En los diamantes negros el color lo producen inclusiones diminutas, a veces incluso submicroscópicas, negras u oscuras, que colorean la masa en la que se encuentran. Las inclusiones son grafito, magnetita, hematites o hierro. La distribución de las inclusiones negras o marrones es irregular. Aunque, más raramente, algunos diamantes deben su color a radiaciones de sustancias con las que estuvieron en contacto cuando se encontraban en el interior de la tierra, dichas radiaciones produjeron en la red cristalina centros de absorción de la luz dando como resultado cristales de color verde muy oscuro, tanto que pueden llegar a parecer negros.

Localización de la minas de Marange (Zimbawe). Imagen Google Map.

En la actualidad, diamantes naturales de color negro se están extrayendo de las minas de Marange (Zimbawe) y de Siberia (sin descartar otras procedencias). Pero la mayoría de los diamantes negros que se ofertan en el mercado, en realidad, son diamantes que, al no reunir las condiciones de pureza y/o color apropiadas para gemas, han sido sometidos a un tratamiento artificial. En líneas generales, sin entrar en detalles, se les aplica altas temperaturas y bajas presiones de manera que las fracturas se grafitizan y el color general que se percibe es el negro. Otra técnica consiste en irradiarlos para inducirles un color verde muy intenso, oscuro, casi negro.

Los diamantes negros pueden ser tanto tipo I como tipo II. Algunos pueden mostrar magnetismo debido a las inclusiones. GIA indica que algunos han mostrado conductividad eléctrica con 220 voltios por lo que son del tipo IIb. Aunque puede que no conduzcan la electricidad en toda la masa de la gema, si no en algunas zonas concretas.

Características de los diamantes negros tratados

La gran mayoría de los diamantes negros que actualmente vemos en el comercio de piedras preciosas han sido tratados con altas temperaturas o radiaciones. Muchos diamantes que no reúnen las condiciones de pureza y/o color para joyería se tratan con radiaciones o altas temperatura y bajas presiones, algunas veces incluso en vacío, y pasan a ser negros. Las altas temperaturas grafitizan las fracturas internas y éstas son las que colorean de negro la gema. Los diamantes negros naturales no presentan esta característica.

Las flechas indican las zonas incoloras del diamante negro tratado térmicamente. de 1,63 ct.

Por su parte, los diamantes negros irradiados artificialmente adquieren un color verde muy intenso, tanto que parecen negros. Pero con luz transmitida intensa puede verse el color verde en los bordes. Al contrario que los diamantes negros tratados térmicamente, los tratados con radiaciones cuando se prueban con el conductímetro se comportan como los naturales, es decir, el instrumento indica que es diamante.

Diamante negro tratado con radiaciones de 0,21 ct.

Una característica de los diamantes irradiados negros naturales que sirve para identificarlos frente a los tratados es que los primeros pueden tener manchas de color verde en las fracturas producidas por fluidos radiactivos que penetraron cuando se encontraban todavía en la tierra, mientras que en los  irradiados artificialmente la coloración alcanza a toda la gema.

La radiación artificial no produce manchas en el interior de las fracturas, en los naturales sí porque la producen fluidos radiactivos que penetran.

Este diamante negro irradiado iluminado con luz puntual muy intensa muestra su verdadero  color verde.

Materiales que imitan a los diamantes negros

Hay una serie de materiales que se emplean en joyería para imitar al diamante negro. Entre ellos destacan la moisanita negra sintética y la circonita negra. Otras gemas negras también se han utilizado; por ejemplo, la turmalina y la espinela. A continuación hacemos una breve descripción de ellos.

Moisanita negra sintética: es una imitación muy convincente porque tiene una elevada dureza, más de 9 en la escala de Mohs. Aunque por debajo del diamante que siempre rayará las moisanitas. Al observar con el microscopio y luz reflejada la superficie de las moisanitas se ve una textura homogénea de grano fino muy característica de las moisanitas negras. Debemos prestar especial atención con este material porque hemos podido comprobar en nuestro laboratorio que algunos conductímetros (instrumentos que detectan la elevada conductibilidad térmica de los diamantes), fallan con los diamantes negros e indican que son moisanitas negras. Además, el peso específico de la moisanita negra es aproximadamente de 3,16 suficiente para diferenciarla del diamante (3,52). Con este fin, podemos sumergir el ejemplar en ioduro de metileno (3,32): la moisanita flotará, mientras que el diamante se hundirá.

Moisanita negra que muestra con luz reflejada la textura microgranular.

Detalle de la superficie de la moisanita negra de la imagen anterior.  Luz reflejada, 40x.

Circonita negra: el peso específico de la circonita (5,60-6,00) es considerablemente más elevado que el del diamante (3,52). Por tanto, una circonita tallada en estilo brillante pesará casi el doble que un diamante. Además, si el ejemplar no está montado podemos realizar una prueba con la balanza hidrostática para averiguar su peso específico. En cuanto a la dureza, la circonita tiene 8 en la escala de Mohs y difiere mucho del diamante que, como sabemos, tiene 10. Sin embargo, la prueba de dureza no debería efectuarse con gemas talladas porque es destructiva; pero si, por ejemplo, el filetín lo permite es una zona apropiada para probar con una punta de dureza 10, ésta rayará fácilmente la circonita.

Espinela negra: los valores de la espinela difieren mucho del diamante. La dureza de la espinela es de 8; y el peso específico es aproximadamente de 3,60. El brillo es vítreo, menos intenso que el del diamante. Además, el índice de refracción de la espinela es de 1,720 y, por tanto, con un refractómetro gemológico lo averiguaremos.

Turmalina negra: igual que en los casos anteriores, los valores de la turmalina ayudan a diferenciarla claramente del diamante. La turmalina tiene una dureza de 7,25; y el peso específico es aproximadamente de 3,10. Ambos muy alejados del diamante. Por otra parte, la turmalina es birrefringente y, si es transparente o translúcida, con un polariscopio podremos verlo sin dificultad.

Otras piedras que también se pueden confundir con el diamante negro son la variedad negra del granate andradita llamada melanita y el ónix. En realidad cualquier gema negra puede intentar imitar al diamante, pero es fácil detectarlo con métodos gemológicos estándar porque, en resumen, la dureza del diamante es única, su peso específico es muy constante y tiene una elevada conductividad térmica.

Por lo que respecto al diamante sintético, cabe mencionar que se han detectado diamantes sintéticos de color azul tan oscuro que parecen negros, pero, por el momento, la producción de este material es muy escasa y no se han encontrado cantidades significativas en joyería, por lo que no constituyen un problema.
Escrito por José Manuel Rubio Tendero


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