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Glíptica y Gemología: una colección de camafeos

A menudo, las gemas que nos traen al laboratorio para certificar suelen estar engarzadas en joyería o están destinadas a ello. En comparación son pocas las ocasiones que forman parte de una colección de gemas, pero también ocurre. A veces, se trata de una cantidad relativamente grande de ejemplares sin identificar y el cliente quiere identificar las gemas para organizar su colección. Sin embargo, es poco habitual encontrarse con una colección de camafeos, campo éste muy apasionante porque confluyen en él diversas disciplinas. En efecto, además de las técnicas gemológicas, estudiar una colección de camafeos implica recurrir a otras ciencias, y disciplinas artísticas y sociales como la Historia, Antropología o la Mitología, por ejemplo. Tuvimos la ocasión, durante la partición de una herencia, de estudiar una colección que nos sumergió en el fascinante mundo de los camafeos.

Camafeo de concha. 6,0 x 4,0 cm

Camafeo de concha. 6,0 x 4,0 cm

Comenzaremos por aclarar algún que otro concepto. La glíptica es el arte de grabar en piedras duras y se remonta a la Antigüedad. El grabado puede ser de dos formas: cuando el motivo está en relieve se le llama camafeo; por el contrario, si el motivo está grabado en hueco es un entalle. En este último caso produce imágenes en negativo. Los camafeos y entalles se hacen con una gran variedad de piedras, por ejemplo, ágata, calcedonia, coral, amatista, cuarzo cristal de roca…, también se emplea la concha de molusco marino y el vidrio. Los talladores consiguen con los diferentes colores de las diversas capas efectos de contraste cromático que refuerzan la definición y el relieve de la figura. Las figuras representadas suelen ser blancas sobre un fondo oscuro, negro, rojo o anaranjado, también, algunas veces rosa o pardo.
El comienzo de la glíptica se remonta a los “cilindros de piedra” mesopotámicos (2600-2475 a.C.) grabados con figuras de animales, plantas, signos y letras que se colgaban del cuello. Su función era la de sellar documentos o productos. También en el antiguo Egipto se hacía lo mismo. Los fenicios difundieron este medio de expresión por el Mediterráneo (hacia 700 – 600 a.C.), e influyeron sobre los griegos (500 a.C.). El Helenismo, en su expansión, asimiló nuevos materiales y produjo camafeos y entalles por primera vez. Una muestra de ello es un retrato de Alejandro Magno grabado en una gran esmeralda montada en un anillo.
Los etruscos también hicieron escarabeos (amuletos con forma de escarabajo) de calcedonia, cristal de roca y otros materiales. Hay escarabeos etruscos de forma globular datados hacia 300 a.C. Pero, sin duda, fue en la época de la Roma Imperial cuando cobró auge el grabado de piedras duras. Los romanos emplearon un amplio abanico de gemas: ágatas, granates, calcedonias, sardónice, jaspe, y cornalina. Además de grabar motivos referentes a la vida cotidana, tal como símbolos militares y oficios, los romanos utilizaron la glíptica como elemento de propaganda para grabar retratos de emperadores y su familia, así como divinidades y temas mitológicos. Los retratos romanos son realistas, con expresión viva y modelado cuidado. Tras el declive del imperio romano decayó el uso de los camafeos. En la Edad Media destacaron los camafeos bizantinos ya que ellos fueron los continuaron del arte clásico.

Apolo, divinidad de la mitología clásica. Concha de molusco marino, 2,5 cm x 3,0 cm

Apolo, divinidad de la mitología clásica. Siglo XIX. Concha de molusco marino, 2,5 cm x 3,0 cm.

A partir del Renacimiento se recobra el camafeo y los modelos y gustos de la Antigüedad. En el siglo XVI las representaciones de los camafeos siguen los modelos conservados de Roma, y esta estética persistió durante los siglos XVII, XVII y XIX. A partir del siglo XVI los camafeos ya se grababan con el objetivo de usarse en joyería y objetos sacros, y, empiezan a formarse las primeras colecciones de camafeos. Estas colecciones, por supuesto de origen aristocrático, estimulan los estudios de gemas y colecciones. Ahora los camafeos suelen ser de forma ovalada y van engastados en oro. Las gemas que se usan son el ágata, ónice, sardónice, coral, marfil y, se generaliza el empleo de conchas de moluscos marinos para los camafeos.

Camafeo de coral. 2,8 cm x 1,5 cm

Camafeo de coral. 2,8 cm x 1,5 cm

El Siglo de las Luces, con su interés por el arte grecorromano, admiró el camafeo como un objeto ornamental en el que la estética de la piedra debía armonizar con el motivo. Por ello, el camafeo debía ser un objeto bonito y, por tanto, coleccionable. Pero el mayor momento de esplendor de los camafeos fue en el Romanticismo. La clase media los utilizó mucho. Hasta finales del siglo XVIII los camafeos se habían considerado como un tipo de grabado, un trabajo de artesanos, pero en el siglo XIX los camafeos empezaron a valorarse desde una perspectiva artística u ornamental y, a menudo, se llevaban engastados en broches con motivos copiados de los clásicos. Además, desde que Schliemann, en 1880, descubriera Troya, se hicieron estudios de sellos micénicos y griegos (XV y XIII a.C.), así la gríptica pasó a ser, también, una disciplina auxiliar de la Arqueología, al tiempo que los museos empezaron a investigar, catalogar y publicar sus colecciones. En la actualidad hay centros importantes de tallado de camafeos en Idar-Oberstein (Alemania) y Torre del Greco (Italia).
La colección que nuestro cliente nos trajo constaba de 76 ejemplares cuyas medidas se encuentran comprendidas entre 5,5 cm x 4,5 cm, el más grande, y 1,8 cm x 1,2 cm, el más pequeño. Ninguno de ellos firmado. La concha de molusco marino es el material que predominaba en la colección, en total 54 ejemplares eran de concha; 3 de nácar; 2 de hueso; 1 de marfil; 2 entalles de vidrio y 2 camafeos de vidrio.

Un paisaje urbano grabado en marfil. 5,5 cm x 4,5 cm

Un paisaje urbano grabado en marfil. 5,5 cm x 4,5 cm

Nuestro cliente no necesitaba una catalogación exhaustiva de la colección, pero sí una primera clasificación que, en su momento, pudiera llevar a una catalogación completa. Sobre esta base, podíamos adoptar diversos criterios: por su temática, cronología, técnicas, estilos, materiales, etc. Cada tipo de clasificación tiene sus inconvenientes o dificultades. Por ejemplo, para clasificar una colección por los diversos temas representados en ella debemos hacer un análisis de la iconografía o motivo representado, pero esta tarea, a veces, puede llegar a ser muy complicada ya que los artesanos y artistas suelen aplicar los criterios de su época en la representación de escenas o representaciones de personajes mitológicos. Es decir, un personaje mitológico puede aparecer representado con, por ejemplo, una vestimenta en un sitio y con otra en otro. La identificación de los temas y retratos representados en los camafeos se realiza mediante las efigies representadas en esculturas o monedas. Y, por supuesto, consultando los trabajos sobre glípticas publicados. Los temas y simbología predominates de la colección que estamos comentando pertenecen a la mitológía clásica greco-romana, composiciones alegóricas y divinidades. Tenemos abundantes representaciones del panteón grecoromano, tal como Eros-Cupido niño conduciendo un carro tirado por dos caballos y retratos de disoses mitológicos como Apolo. Aunque también hay temática cristiana y civil. Por ejemplo, incluye un retrato de un personaje con apariencia demonónica y otro retrato de un eclesiástico tocado con un birrete, sin identificar de momento.

Eros-Cupido niño conduciendo un carro tirado por caballos. Vidrio. 2,0 cm x 1,5 cm

Eros-Cupido niño conduciendo un carro tirado por caballos. Vidrio. 2,0 cm x 1,5 cm

Así pues, unas veces el tema es reconocible fácilmente, y, sin embargo, otras veces no tanto. Es indispensable conocer la iconografía habitual del tema en cuestión para identificar la representación. Pongamos un ejemplo, San Jerónimo tradujo la biblía al latín, la Vulgata, por lo que la iconografía cristiana lo representa siempre escribiendo en su escritorio, sin embargo, otros detalles cambian según la época en que se grabó o, incluso, el grabador que lo hizo.

San Jerónimo escribiendo. Nácar. 2,0 cm x 1,50 cm

San Jerónimo escribiendo. Nácar. 2,0 cm x 1,50 cm

Por otra parte, clasificar una colección por la antigüedad de las piezas que la componen es muy complejo. Cuando los ejemplares se han encontrado en excavaciones arqueológicas en perfecto correlato con su entorno no es complicado. Pero cuando se trata de ejemplares fuera de su contexto original, la inmensa mayoría de los casos, la tarea puede llegar a ser realmente difícil. En estos casos debemos observar la técnica y estilo empleada en la manufactura del ejemplar, pero como éstas no han experimentado grandes cambios desde la antigüedad es poco frecuente que podamos obtener un resultado satisfactorio. No obstante, sí podemos averiguar cuando los ejemplares han sido fabricados en serie con pantógrafo. También, como los temas suelen escogerse de la mitología clásica y, a menudo, estos han sido reintrepretados o copiados, la impronta de la época puede ser visible. Otras veces, la misma representación descarta dataciones más antiguas; por ejemplo, si los personajes representados visten ropa renacentista tenemos claro la antigüedad máxima posible del ejemplar (es decir, no puede haber sido hecho, pongamos por caso, en la Edad Media), pero aunque habríamos estrechado el cerco cronológico la datación seguiría pendiente. Tengamos presente que debido al gusto por el camafeo antiguo hay muchas imitaciones de gran calidad.

Retrato de un caballero. Concha de molusco 2,5 cm x 2,0 cm

Retrato de un caballero. Concha de molusco 2,5 cm x 2,0 cm

La clasificación por tipo de material es probablemente, para los gemólogos, la más fácil, pero no siempre es la más solicitada. Y, además, si tenemos que poner un precio a la colección, el material es una variable más y no suele ser precisamente la más importante.
En nuestro caso decidimos identificar el material y tema de cada ejemplar. En función de la preponderancia de los ejemplares hechos con concha marina y de las figuras representadas decidimos datar la colección hacia la segunda parte del siglo XIX. Sin descartar que pudiera haber algún ejemplar de mayor antigüedad que las limitaciones de tiempo y presupuesto nos ha impedido datar.
La glíptica, y en especial los camafeos y entalles, son un campo de la Gemología que está estrechamente unido a otras ciencias y disciplinas científicas. Las representaciones de los camafeos, vistas desde una perspectiva iconográfica, son un testimonio histórico y social. Pero, también, son objetos bonitos valorados, más o menos, según las épocas y lugares. Estudiar un camafeo no es sólo averiguar el material del que está hecho, también incluye captar el mensaje que la representación quiere transmitirnos mediante sus ropajes, atributos y ornamentación. A menudo son figuras y formas cargadas de simbolismo que no nos dejaran indiferentes.
Autor: José Manuel Rubio Tendero


Comentarios


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1 Comentario

  1. Carmen Foronda Martín
    enero 19, 2016 8:59 pm

    Gran artículo sobre el arte de la glíptica . Muy completo en cuanto a : detalles históricos, gemas, materiales empleados en estas piezas y la relación de la Gemología con la Historia del arte. Definición de la técnica de la glítica y muy clara diferenciación entre camafeo y entalle , dos tipos de grabados . Ligera mención de los escarabeos. Todo ello en un extenso y didáctico artículo.

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