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Graduación del color de los diamantes

El color o, más bien, la ausencia de él, es una de las variables que se tiene en cuenta al clasificar un diamante. Las otras son la calidad de talla, el peso, y la pureza. En realidad, cuando hablamos de la calidad del color de un diamante nos referimos a la ausencia de color. Aunque esto no incluye algunos diamantes de color intenso, azul, rojo, naranja, verde, amarillo…, a los que se les denomina diamantes de color “Fancy” cuyo sistema de clasificación difiere y no vamos a tratar de momento. Así pues, cuanto más incoloro es un diamante mejor lugar ocupa en la escala de color, es decir, su grado de color es más alto.
Pero ¿cómo juzgar los matices tan sutiles que separan los diversos grados de color? La metodología para esta labor ha ido evolucionando con el tiempo. No sin controversias, pero sí hacia un consenso general entre los organismos y agentes implicados en el mundo de los diamantes. A lo largo de las siguientes líneas repasaremos las técnicas estandarizadas que permiten a los laboratorios graduar el color de los diamantes con un margen de precisión muy elevado.
Antes el color de los diamantes se evaluaba con la gema situada entre un papel blanco doblado formando una “V”y en un lugar con buena visibilidad orientado hacia el norte, en el hemisferio sur orientado al contrario. La luz que proviene de esta dirección tiene un componente muy equilibrado de longitudes de onda, es decir, es neutra porque no predomina ningún color. Esto, en sí mismo, ya era un estándar de iluminación, pero las características de la luz varían a lo largo del día y del año, así como del tiempo, un día soleado no es lo mismo que uno nublado, y, también influye el lugar del globo terráqueo desde el que se observa. Sin descartar, tampoco, el entorno más cercano, tal como el color de la pintura de las paredes de la habitación o de la ropa de la persona que está realizando la operación. Estos inconvenientes se resuelven empleando luz artificial en un entorno neutro y con la ayuda de algunos instrumentos. Volveremos sobre ello más adelante.
La escala de color es otro aspecto de la graduación del color de los diamantes a tener en cuenta. La práctica habitual tradicionalmente describía los grados usando denominaciones metafóricas como “River”, también los designaba por el nombre de la localidad en la que ese color se encontraba más a menudo, por ejemplo las denominaciones “Wesselton” o “Top Wesselton” están relacionadas con la mina Wesselton en Sudáfrica. Esta escala es conocida como Scan.D.N., y con el tiempo llegó a emplearse junto con una escala basada en letras como “A”; “AA”. Pero, al principio de la década de los 70, la escala que comenzaba en la “A” había degenerado y existía gran confusión respecto al color en el comercio de diamantes. En esos momento, el Gemological Institute of America (GIA) introdujo una nueva escala basada en letras que comenzaba con la “D” (para no dar lugar a confusión) y terminaba en la “Z”. La llamada escala de color D-Z fue ampliamente admitida, aunque, como GIA dice, muchos laboratorios que utilizan esta escala no siguen los procedimientos operativos estandarizados que la respaldan.
Por su parte, la Confederación Internacional de Joyería (CIBJO), sin desechar la escala D-Z, recomienda en su Publicly Available Specification (PAS) su propia nomenclatura a emplear en la graduación de los diamantes tallados y la equivalencia con respecto a las escalas D-Z de GIA y la antigua de Scan D.N.

Equivalencia de las escalas de color

Equivalencia de las escalas de color

Dado que la transición entre una categoría de color y otra no es radical, sino progresiva, es necesario que el personal que realiza esta tarea haya recibido una formación adecuada. El personal que gradua diamantes utiliza ejemplares de referencia para ayudar a apreciar con nitidez los matices muy sutiles entre grados. Estos patrones de referencia de color son diamantes previamente seleccionados, pero también hay algunos de circonitas graduadas. Además, hay colorímetros que, sin sustituir la intervención humana, ayudan en la tarea.

Patrón de color para graduar diamantes

Patrón de color para graduar diamantes

Entorno de visualización, orientación del ejemplar y otras variables
En primer lugar, los diamantes deben estar perfectamente limpios. Aunque este detalle puede parecer obvio recordemos que los diamantes atraen la grasa con mucha facilidad y ello repercute directamente en la apreciación del color. Por lo que respecta a la iluminación, debe haber suficiente luz para juzgar todos los matices, pero ésta no debe provocar brillos o reflejos que afecten la percepción del color o produzcan fatiga al observador. La luz debe ser difusa. La intensidad debe estar comprendida entre 2.000 y 4.000 lux. La temperatura de color de la lámpara también es otro factor importante. Por temperatura de color entendemos el blanco de la fuente de luz, éste se expresa en unidades kelvin (K). La lámpara adecuada para graduar diamantes debe tener una temperatura de color entre 5.500 y 6.500 K. Es importante comprobar periódicamente las lámparas porque pueden perder intensidad con el tiempo.

El diamante se pone junto al patrón de referencia

El diamante en el soporte junto con ejemplares del patrón de referencia

El diamante debe situarse con la tabla hacia abajo mientras miramos la masa de la gema a través de la culata. La persona que va a graduar el color del diamante debe estar a una distancia de unos 30 o 40 cm con sus ojos formando un ángulo de 45º con respecto a la culata del diamante. El soporte donde ponemos el diamante, de cartón u otro material como metacrilato blanco en forma de V, debe situarse a unos 20 cm por debajo de la fuente de iluminación y se gira un poco de manera que permita ver casi perpendicularmente la culata y el filetín alternativamente. La distancia es importante porque la intensidad de la componente de luz ultravioleta que tiene la lámpara se reduce considerablemente con la distancia. Por eso, no debemos acercar ni alejar demasiado el ejemplar para reducir las probabilidades de error con aquellos diamantes que tienen fluorescencia intensa. Por ejemplo, un diamante con un ligero color amarillo con fuerte fluorescencia azul puede parecer menos amarillo si lo acercamos mucho a la lámpara y, en consecuencia, recibir un grado de color mejor del que le corresponde.
Es conveniente crear un entorno estable, tanto en cuanto al color como a la iluminación, que nos permita seguir siempre el mismo procedimiento con los mismo parámetros. Por ello, utilizamos una cabina de color gris claro que no produce brillo de 45,00 cm de alto; 52,00 cm de ancho; y 16,00 cm de profundidad. La fuente de iluminación está situada en la parte superior, a unos 20 cm de ella tenemos una repisa sobre la que ponemos el soporte con el diamante y los patrones de referencia. El graduador se sienta de manera que su visión forma 45º grados con respecto a la culata del diamante. El color se gradúa antes de comprobar si el diamante tiene fluorescencia con la lámpara de luz ultravioleta porque en caso de que tuviera fluorescencia intensa ésta podría cambiar temporalmente el color del ejemplar. Es más difícil de percibir el color en los diamantes de menos de medio quilate (5,50 mm aprox.). Los diamantes de gran tamaño parecen tener más color que los de pequeño tamaño porque el recorrido de la luz a través de él es mayor; por eso, debemos centrar la atención en la culata hacia el filetín. Cuando se trata de tallas diferentes a la brillante es más complicado juzgar el color porque la mayoría pueden mostrar más o menos intensidad según la dirección en que se miren. La mejor dirección es situar el ejemplar con su longitud máxima y mínima a aproximadamente 45º observador. De esta manera se observa un color medio. Algo que debemos tener presente es que a partir del grado “Q” las tallas fantasía por la culata parecen tener un grado o dos más bajosr que si se miran por la corona, por eso se hace una media de las dos direcciones. En el punto de transición Z/Fancy color, tomamos en consideración el color que se ve mirando a través de la tabla, y no por la culata.
Con los diamantes de color marrón (brown) o gris, a partir del grado de color K se pone la letra y una descripción, por ejemplo K-M ligeramente marrón, N-R casi marrón y S-Z marrón. Los diamantes de otros colores que no son amarillo, brown o gris y tienen un grado de color inferior a “G” se gradúan en la escala de diamantes de color.
Los diamantes engarzados en una joya no se certifican porque no se pueden examinar bien. Además, el color de la montura afecta la correcta visualización de las gemas. Pero, sí es habitual hacer informes de joyería en los que el grado de color de los diamantes se indica dentro de un rango relativamente amplio, por ejemplo H-J.
El patrón de color
El color de un diamante se juzga mejor por comparación con una patrón de color ya establecido. Este patrón de color puede ser un juego de diamantes previamente graduados en cada una de las categorías, aunque esta función también la puede realizar un juego de circonitas. Los ejemplares de referencia deben ser todos del mismo tamaño: 0,60 ct es un buen tamaño. Sin inclusiones ni fluorescencia, aunque partir de K se admite débil. El diamante a graduar debe situarse en la misma línea que los ejemplares del patrón, ni delante ni detrás para estar a la misma distancia del observador. No es recomendable que el diamante estudiado toque las piedras patrón, se sitúa cerca pero no más de medio centímetro. Y, ni que decir tiene, las piezas del patrón de colores deben estar limpias.

Según el protocolo GIA el patrón indica el punto más alto del grado. El diamante a graduar se pone entre dos grados de referencia y se observa si tiene más o menos color. Por ejemplo, un diamante de color igual que el patrón “G” se gradúa como “G”, pero si tiene ligeramente menos color de graduará como “F”, mientras que si tiene más color que “G” pero memos que “H” sería “G”. Por el contrario, el patrón de referencia de color CIBJO define el color más bajo aceptable para un grado. Por ejemplo, el patrón “G” define el límite entre el final de “G” y el principio de “H”.

Punto de la escala que corresponde al patrón de referencia "G"

El patrón de referencia se sitúa en el punto más alto del grado que le corresponde

Cuando el diamante tiene inclusiones grandes coloreadas esparcidas por toda la masa de la gema, el efecto repercute en el color general y, por tanto, lo graduamos como el color que percibimos. Pero si las inclusiones están agrupadas en una zona concreta y no distribuidas por todo el ejemplar, la repercusión sobre el color es limitada, y, en estos caso, orientamos el diamante de forma que analizamos el color de la zona que no tiene inclusiones.
Colorímetros
Existen instrumentos que miden el color, colorímetros, que ayudan a graduar los diamantes. La principal ventaja de estos aparatos es que no se fatigan, al contrario que las personas que después de un tiempo graduando el color de los diamantes deben tomarse un descanso. Además, los colorímetros siempre dan el mismo resultado una y otra vez (o deberían), por el contrario, las persona se pueden ver afectadas por factores fisiológicos, tal como sueño, estrés u otro. Pero, en cualquier caso, los colorímetros no sustituyen a las personas, sino que son un complemento. El fundamento de algunos colorímetros reside en el análisis de todas las longitudes de onda del espectro visible (700 – 400 nm aprox.), mientras que otros sólo analizan longitudes de onda que corresponden al azul y amarillo. La diferencia es importante. De todas las maneras, los colorímetros son instrumentos de gran ayuda que no sustituyen la percepción humana del color.

Colorímetro para graduar el color de los diamantes

Colorímetro para graduar el color de los diamantes

En resumen, el uso de los términos de una escala de color no implica, por sí mismo, que se sigan los procedimientos estándar que la metodología que la respalda demanda: una iluminación y entorno con características específicas; mirar la gema según una orientación determinada; utilizar un patrón de color estandarizado; sin olvidar, el personal adecuadamente formado. Porque si no seguimos un protocolo estandarizado probablemente los resultados con el mismo ejemplar no serán los mismos en otra ocasión.
Escrito por José Manuel Rubio Tendero


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