Recibimos en nuestro laboratorio para analizar una gema de color azul oscuro vivo, talla octogonal de 10,76 x 9,83 x 7,31 mm y peso 8,54 ct. El cliente pensaba que era un zafiro natural tratado con difusión de titanio. No tenía inclusiones visibles con lupa. Pudimos comprobar que se trataba de una zafiro por su índice de refracción de 1,760 – 1,768 y, por tanto, su birrefringencia de  0,008, así como por su peso específico de 3,99. El espectro de absorción analizado con el espectroscopio  gemológico manual no mostraba la banda típica en el azul de los zafiros naturales.

Zafiro sintético de fusión a la llama

Algo que destacaba  era el color de la culata puesto que era mucho menos intenso que el de la corona. Y, también, nos llamó mucho la atención la intensa fluorescencia de color blanco verdoso bajo la lámpara de luz ultravioleta de onda corta (254 nm), mientras que con onda larga (365 nm) el color producido era verdoso muy débil, casi imperceptible. Los zafiros naturales no suelen producir fluorescencia con las radiaciones ultravioleta.

Dado que no tenía ninguna inclusión visible con la lupa 10x, observamos el ejemplar con el microscopio gemológico y, con luz transmitida difusa, se podían ver unas bandas curvas de color muy tenues, pero una vez sumergido el ejemplar en ioduro de metileno para eliminar reflexiones, estas bandas se mostraron claramente como las bandas curvas de color típicas de los zafiros sintéticos producidos por el método de fusión a la llama, conocido también como Verneuil.

Zafiro sumergido en ioduro de metileno

El empleo de un líquido de alto índice de refracción, como el ioduro de metileno, para ver el interior de las gemas ayuda mucho para ver las líneas o bandas curvas de los rubíes y zafiros sintéticos de fusión a la llama. Y, en general, con todas las gemas cuando tienen inclusiones muy sutiles.


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