La palabra jade suele evocar para los que habitamos por estas latitudes un material utilizado por diversas culturas distantes entre sí, tanto en el tiempo como en el espacio, para elaborar objetos de prestigio, ritual y simbólico que expresan valores cosmológicos y estéticos compartidos en el seno de cada una de esas sociedades. Y, en realidad, así es. Pero, en general, el entramado de palabras que matizan el significado del término jade en contextos diferentes dificulta la compresión de lo que, al final, es un concepto.

Jade es  una palabra que en occidente tradicionalmente alude a dos minerales diferentes, jadeíta y nefrita, el primero mucho más escaso que el segundo y por lo general más caro. Aunque la composición química y estructura cristalina, tanto de la jadeíta como de la nefrita, es distinta su aspecto es tan parecido que durante mucho tiempo se creyó que era lo mismo. De manera que cuando hoy en día decimos jade nos podemos estar refiriendo tanto a la jadeíta, un piroxenos de fórmula NaAlSi2O6, como a la nefrita un anfibol cuya fórmula aproximada es Ca2(Mg,Fe2+)5Si8O22(OH)2. En realidad la nefrita es un miembro de la serie tremolita-actinolita; esta serie tiene una cantidad variable de de Fe y Mg, el ratio Fe/(Fe+Mg) se utiliza para diferenciar la tremolita de la actinolita. La característica que diferencia la nefrita del resto de la serie es que tiene una estructura de fibras entrelazadas que le confiere una gran cohesión.

La nefrita y la jadeíta se encuentran en masas microcristalinas formando rocas a menudo mezcladas con pequeñas cantidades de otros minerales. La proporción del mineral predominante es importante para poder recibir la denominación de jade. Admitimos alrededor de un 10% como máximo de microcristales de otros minerales mezclados formando una roca con la nefrita o la jadeíta.

Antes de continuar debemos aclarar que el jade de color verde y blanco suele ser el más conocido, pero también hay de color marrón, naranja o rojizo e incluso jade negro. También es importante dejar claro que el jade que alcanza precios elevadísimos es la jadeíta de color verde hierba intenso, llamada “jade imperial”, que tiene una distribución homogénea del color verde puro intenso, sin componentes marrón o gris, es semitransparente, con una textura de grano fino que le permite un buen pulido y sin inclusiones ni fracturas o fisuras (al fin y al cabo el jade simboliza durabilidad y perfección). La jadeíta que no reúne estas características no puede ser denominada “jade imperial”. Es importante subrayarlo porque este malentendido es muy frecuente, lo vemos a menudo en nuestro laboratorio.

Cuando abordamos temas de jade es conveniente tener presente algunos puntos de vista desde los que se suele estudiar, los más frecuentes son tres: el mineralógico; el arqueológico-antropológico; y, el gemológico. Aunque son independientes en sus objetivos suele haber cierta influencia recíproca entre estas disciplinas.

La perspectiva mineralógica sigue el nombre de los minerales aprobados por la Asociación Mineralógica Internacional (IMA). Pero este organismo aprueba el nombre de minerales, no rocas, y, no considera la nefrita como una especie mineral, sino un miembro intermedio de la serie mineral de anfíboles tremolita-actinolita. Sin embargo, el término nefrita se emplea y sigue resultando muy útil porque aunque sea un miembro intermedio de la serie tremolita-actinolita tiene una textura muy peculiar de fibras entrelazadas que le confiere una cohesión y dureza muy elevada, cualidad esencial del jade. Esta tenacidad no la tienen otros miembros de la serie mineral.

Láminas finas de microcristales de nefrita y jadeíta entre polarizadores cruzados. La imagen de la izquierda cristales corresponde a la textura fibrosa de la nefrita, a la derecha vemos la textura granular de la jadeíta

Por su parte, los arqueólogos-antropólogos no consideran un objeto, en nuestro caso de jade, como un objeto físico individual, como hacemos los gemólogos, sino como un producto de la conducta humana que sirve para comprender a las personas y sociedades que lo hicieron y lo usaron y, por eso, para ellos es casi tan importante o más el contexto en el que se halló que su naturaleza. En este campo de estudio aparecen esporádicamente los términos de “jade cultural” o “jade simbólico” para referirse a objetos, de piedra o incluso de cerámica, que hacen las mismas funciones rituales o simbólicas que otros artículos de jade. Sin embargo, en mi opinión, estas denominaciones ocultan cierto desconocimiento del asunto porque los objetos más apreciados que se encuentran en las excavaciones o yacimientos arqueológicos han sido identificados como nefrita o jadeíta y eso no puede ser casualidad, sino que, por el contrario, reconocían y valoraban estos materiales.

Los gemólogos incorporamos además otros criterios. Por ejemplo, la Asociación Gemológica de Hong Kong (GAHK) recomienda emplear el término “Fei Cui” para referirse a tres materiales estrechamente relacionados: jade jadeíta, jade onfacita y jade kosmochlor, según GAHK cualquiera de ellos puede ser correctamente denominado como jade, aunque en realidad suelen estar mezclados entre ellos. También, en otros casos, los gemólogos debemos atender a la nomenclatura comercial estandarizada por entidades internacionales para clasificar la jadeíta, tal como: Jade A, sin tratar; Jade B, blanqueado con ácido e impregnado con cera o parafina; y, Jade C, coloreado artificialmente. Con lo que añadimos más matices al término.

Jadeíta teñida de verde: jade C. Luz transmitada, 40x.

Cuando se trata de jade a los gemólogos se nos suele presentar con relativa frecuencia el encargo de autentificar, valorar o tasar figuras. El método recomendado por la mayoría de los especialistas es considerar los siguientes factores. En primer lugar, identificar el material; a continuación medir y pesar el ejemplar y examinar su estado de conservación; después observar la calidad del trabajo y la presencia o ausencia de marcas de mecanizado industrial, una información muy importante para datar su antigüedad, y, al mismo tiempo buscar el periodo y estilo característico. Una vez hemos recopilado toda la información contrastamos los precios de mercado.

En definitiva, la denominación jade incluye dos minerales diferentes; jadeíta y nefrita. Referirse a cualquiera de ellos como jade es correcto, pero algunas veces deberemos precisar si es un material u otro, por lo que es importante conocer el significado de los términos empleados para referirse a él en cada contexto. Aunque el jade es un material microcristalino y puede contener otros minerales mezclados en pequeñas cantidades, no presenta problemas para su identificación. En la mayoría de los casos con una formación básica en gemología y empleando las técnicas e instrumentos gemológicos estándar suele ser suficiente para identificar el jade.
Escrito por José Manuel Rubio Tendero


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