Las gemas opacas de color negro son complicadas de identificar porque casi cualquier mineral con muchas inclusiones puede dar la impresión de ser opaco y negro. En estos casos, los gemólogos debemos extremar nuestra imaginación para encontrar las pruebas idóneas que nos confirmen la naturaleza de los ejemplares. Un ejemplo de ello es una pulsera con piedras de de color negro engastadas con garras que nos trajeron para elaborar un informe gemológico de ella.

Al observar la gema por la tabla se puede comprobar que es opaca y que tiene un brillo muy intenso.

Los posibles  materiales gemológicos negros en la lista de candidatos no eran pocos: granate melanita, espinela, nefrita, jadeíta, azabache, ónix, obsidiana, circonita negra… En fin, nos pusimos manos a la obra y dado que desengastar una de las piedras, en este caso, no representaba gran dificultad decidimos hacerlo para llevar a cabo las pruebas gemológicas habituales sin el inconveniente de la montura.

La gema de color negro que seleccionamos estaba tallada en estilo brillante modificado, medía 5,00 mm X 3,70 mm y pesaba 0,631 ct. El ejemplar tenía un brillo muy elevado, podríamos definirlo casi como submetálico. Al observar la piedra con el microscopio vimos que algunas de las pequeñas fracturas que tenía eran concoideas, mientras que otras parecían más bien de tipo granular, en ambos casos el brillo de la fractura era céreo.

El filetín de la gema mostraba algunas fracturas concoideas pequeñas y otras que podían ser de tipo granular o incluso bordes desgastados.

El índice de refracción superaba el límite del refractómetro, lo que ya de por sí es un dato a considerar. Y, el peso específico que pudimos determinar con la balanza hidrostática era de 3,75. Como el filetín de la gema era grueso pudimos efectuar una prueba de dureza en él ya que es una zona poco visible y no repercute en la apariencia general de un material opaco: la dureza que pudimos comprobar era de 8 en la escala de Mohs. Un dato importante fue comprobar que la gema era ligeramente magnética. En efecto, al acercar un imán potente al ejemplar éste era ligeramente atraído por él.

Por fin, y tras cotejar su espectro de infrarrojos con el de otras muestras de espinela que tenemos, pudimos concluir que se trataban de espinelas negras probablemente procedentes de la localidad de Bo-Ploi (Tailandia), que se conocen con el nombre equívoco de “ónix negro”. Estas espinelas tienen un alto contenido de hierro que sustituye al magnesio y aluminio (Mg,Fe)O.Al2O3 por lo que tienen un peso específico e índice de refracción más elevado que otras espinelas.
Escrito por José Manuel Rubio Tendero


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