En el mundo de las piedras preciosas, igual que en otros ámbitos, se utilizan algunos términos comprensibles únicamente entre los individuos que forman parte de él, y, a menudo, suelen resultar crípticos para el público en general. La mayor parte de las veces resulta casi inevitable porque muchos de los conceptos que esas palabras significan escapan a la compresión de las personas que no están involucradas profesionalmente en el sector. Pero, a estas alturas, prácticamente todos estamos de acuerdo en que un consumidor final bien informado mediante, en la medida de lo posible, un lenguaje claro, sencillo e inteligible repercute favorablemente en beneficios para el sector. De la misma manera que cualquier término destinado a disfrazar u ocultar las características de una gema constituye un ardid comercial inaceptable desde el punto de vista ético y comercial.

En la práctica diaria vemos algunas veces lo difícil que es utilizar una nomenclatura estandarizada que facilite el proceso de transparencia que acabamos de mencionar. Ejemplos hay muchos, pongamos un par de los más conocidos. Muchas esmeraldas con fracturas o fisuras son sometidas a un tratamiento que consiste en rellenar dichas imperfecciones con un material que las disimula, algún tipo de aceite o resina, tanto natural como artificial.

Fisuras y cavidades en una esmeralda que ha sido rellena con resina epoxy.
Fisuras y cavidades en una esmeralda que ha sido rellena con resina epoxy. Luz reflejada, 30x

Es una manipulación diferente al proceso de talla con la que se altera el estado natural en el que la gema se encontró y, por tanto, debería darse a conocer en cualquier transacción o trámite que implique al ejemplar indicando sin ambigüedades que el ejemplar ha sido tratado. Ahora bien, esto, en realidad, no suele ser exactamente así. Si repasamos algunos informes emitidos por laboratorios de alcance internacional veremos que existen discrepancias entre ellos mismos. Por ejemplo, algunas veces en lugar de la palabra tratamiento se emplea la palabra “modificación”. Por otra parte, algunos laboratorios hacen más hincapié en el tipo de relleno que en la cantidad, aunque la tendencia general parece que va convergiendo hacia indicar la cantidad de relleno mediante el empleo de los términos: insignificante/moderado/importante (minor/moderate/significant, en inglés) quizá acompañado de indicadores alfanuméricos como F1, F2, F3. Estas tendencias parecen fluctuar en el tiempo en función de no se sabe bien qué factores. ¿Quizá la presión de los productores? ¿Las posibilidades técnicas para identificar concluyentemente la sustancia empleada? En fin, la cuestión es muy compleja y cambiante.

A la derecha el esquema de la esmeralda de la izquierda que ha sido rellena con resina epoxy. Podríamos decir que ha sido sometida a un tratamiento importante de relleno de fracturas.

Otras veces, cuando las fracturas de la gema están rellenas de alguna sustancia se emplea el término residuo sin precisar si la sustancia que rellena la fisura es natural, como puede ser un óxido; polvo del proceso de talla que se introdujo en su momento; restos de algún material empleado específicamente en un tratamiento térmico, como el bórax; o es relleno intencionado. El término abarca aquí varias posibilidades que repercuten directamente en el precio de la gema: no es el mismo si la gema es natural o ha sido tratada. En las esmeraldas es tan importante que cuando tienen fisuras muchos laboratorios indican en sus informes que la gema es susceptible de ser tratada con relleno de fracturas.

Residuos sólidos en las fracturas de un rubí tratado térmicamente.

Las turmalinas verde-azules de Nigeria y Mozambique que deben su color al cobre y manganeso también son frecuentemente motivo de controversias. En este caso sobre la aplicación correcta de la denominación “Turmalina de Paraíba”. Los productores brasileños suelen quejarse de que esta denominación debería ser empleada solo para gemas procedentes de Paraíba (Brasil). Y, si repasamos la normativa CIBJO tal y como viene expresada en The Gemstone Book (2015), punto 4.2.3 parece que debería ser así porque dice: “El nombre de zonas geográficas solo deberá usarse cuando denota la zona en la que la gema ha sido extraída de la mina o encontrada (lugar de origen).” Así pues, si nos atenemos a la literalidad en este punto de la normativa CIBJO, ninguna turmalina que no proceda de Paraíba puede recibir este calificativo. Sin embargo, el mismo organismo, en el mismo texto, Anexo D, señala como nombre comercial aceptado “Turmalina de Paraíba” a la variedad de turmalina verde-azul que debe su color al cobre, sin comentar su origen. ¿En qué quedamos? Parece que por un lado dice una cosa y por otro otra. En el hilo de este mismo ejemplo, el Laboratory Manual Harmonisation Committee (LMHC), una organización formada por importantes laboratorios gemológicos de ámbito internacional que pretende encontrar un lenguaje gemológico estandarizado, afirma que las turmalinas de color verde-azul pueden denominarse “Turmalinas de Paraíba” en el comercio con independencia de su origen.

Los ejemplos previos ilustran la incertidumbre que existe en torno a determinados aspectos que obstaculizan una nomenclatura gemológica estandarizada. No obstante, tengamos presente que ciertas discrepancias entre los certificados o informes emitidos por diferentes laboratorios no implica necesariamente que unos sean más exactos o veraces que otros, suele ser reflejo de lo complicado o, incluso, subjetivo que puede llegar a ser.

Y, no hemos hablado de los problemas de traducción. A diferencia de los vocablos procedentes de las nuevas tecnologías que se refieren a conceptos que no existían anteriormente, por ejemplo email o chatear, y han sido asimilados y normativizados, en nuestro caso debemos traducir términos a partir, casi siempre, del inglés que se refieren a conceptos más o menos técnicos pero que ya existían y, a menudo, desde hace mucho tiempo. Por eso, en España se echa de menos una organización que aglutine a los diversos agentes involucrados para que sugiera o recomiende los términos preferibles en cada caso porque, al final, clarificar los términos empleados en el mundo de las gemas repercute en una mayor seguridad del consumidor lo que, a la postre, es un beneficio para todos.
Escrito por José Manuel Rubio Tendero


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